Sin Volar
Definitivamente supe que sería un problema. Durante una hora intenté convencerme que no podía agradarme justamente él, que parecía algo incómodo ante mi cercanía por falta de espacio en la habitación. Una seriedad excesiva denotó un primer día donde parecía desear establece quien está al frente, a pesar de esa apariencia juvenil que debe haber originado dudas sobre su capacidad, su experiencia o ambas cosas.
Definitivamente odio ese nombre que le pondría a un personaje sin carácter y de apariencia femenina. No concuerdo con esa semi seriedad en su manera de vestir, una formalidad que parece forzada por la necesidad del cargo. Como tampoco esa especie de barba que parece justificar el tic de tocarse la barbilla, mas que ser un elemento definitorio de su apariencia personal.
Me disgusta esa manera de arrastrar las palabras dentro de su boca, que aunque estén pronunciadas correctamente y en su totalidad, parecen ahogarse al final de una frase, y esa sonrisa con los labios cerrados, que se desvanece rápidamente como si evitar reírse demasiado le aportara seriedad a lo que expresa.
Después me transforme con su mirada directa, su acierto en los términos de una definición y sus gustos políticamente No correctos; y caí en la cuenta de que posiblemente sea uno de esos amores intelectuales que suelo tener una vez al año, y que se sostienen en la tensión del ambiente circundante, que fuerzan la producción, incitan la excelencia, causan cuchicheos, y promueven…y suscitan…
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